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Un Milagro; una Iglesia

Historia de la Iglesia Presbiteriana Hugh O'Neill Memorial escrita por el Rev. Samuel Roura, Pastor Emeritus de la iglesia y enviada por su viuda, la Anc. Emma Roura en ocasión del aniversario 100 de la iglesia.

El Protestantismo en San Juan

     La explosión del protestantismo, ocurre, además de en el oeste, también en la parte noreste de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. Y sucede aún antes del cambio de soberanía, antes de izamiento de la bandera de los Estados Unidos de Norte América y antes del arriamiento de la bandera española. Un americano de la raza negra, pastor presbiteriano, llegó a San Juan en el año 1895. Su nombre, Rev. Howard T. Jason. Empezó su trabajo en la Marina de San Juan, un lugar con un buen número de habitantes. El analfabetismo era rampante. Por eso, el Rev. Jason empezó enseñando a los niños a leer y a escribir. Les enseñaba historias bíblicas, aritmética, historia general del mundo y ciencias generales. Con los niños, vinieron también los padres deseosos de aprender a leer y a escribir. Los domingos se reunían para tomar las clases y Jason aprovechaba la ocasión para enseñar historias bíblicas. Ya desde la época de la reina Victoria de España, había cierta tolerancia religiosa. Por esa razón el Rev. Jason, conocedor de ambos idiomas, inglés y español, reunió también a un grupo de americanos que había llegado a Puerto Rico y que eran evangélicos. Se reunían los domingos por la noche, sin hacer alardes de protestantismo, para no provocar a las autoridades eclesiásticas de aquellos días. Jason tenía una habitación alquilada en el edificio de la calle Tetuan # 5 y en ese mismo edificio vivían los americanos. Este grupo, ya bastante numeroso, se reunía en el patio interior del edificio. Jason tenía dos grupos, el americano y el hispano. Pero como aquellos americanos hablaban español, los dos grupos adoraban juntos. No era una iglesia formal. Era un grupo de creyentes de distintas denominaciones. Un grupo ecuménico que creció rápidamente. La mayoría de las personas que se reunían era estadounidense de distintas profesiones. Estaban pues pastoreados por el Rev. Jason. El pastor Jason se enfermó y la Dra. Grace Atkins, miembro del grupo, le recomendó que se trasladara de San Juan a un lugar más fresco en la isla de Puerto Rico. Obedeciendo la prescripción médica, el pastor Jason se trasladó al pueblo de Corozal. En Corozal, inició trabajo misionero. Organizó allí un centro de enseñanza al que acudían niños, así como adultos ansiosos de aprender básicamente a leer y a escribir. El centro de enseñanza se convirtió en un orfanato, institución que le dio al Rev. Jason un gran prestigio en la comunidad. Nunca dejó de ser presbiteriano. Eso lo pudimos notar la revisar las actas del consistorio de la Primera Iglesia Presbiteriana en San Juan. En ese libro aparece el nombre del Rev. H.T. Jason, firmando la aprobación de dos actas como Moderador del Presbiterio de Puerto Rico, el 13 de abril del 1904. El Rev. Jason fue el segundo moderador del Presbiterio de Puerto Rico. La Iglesia de San Juan estuvo sin pastor por algunos meses. El domingo 23 de noviembre de 1902 empezaron oficialmente los cultos de adoración en inglés con el grupo que habia dejado el Rev. Jason en el edificio de la calle Tetuán número 5 en San Juan. El domingo siguiente se reorganizó la Escuela Dominical con W.G. Durshine, como maestro de los superiores, Dr. Donald M. Saren como maestro de la clase de adultos y la Dra. Grace W. Atkins como maestra de los primarios. El 22 de febrero del 1903 el ministro encargado, Rvdo. Robert McLean organizó la Iglesia Presbiteriana de habla inglesa con un grupo de 40 miembros. El Rvdo. Robert McLean fue instalado como pastor y moderador de la iglesia y del consistorio.

  Al leer las actas del Consistorio notamos que el crecimiento del grupo de habla inglesa fue muy rápido. La mayoría de las personas recibidas como miembros de la iglesia eran profesionales establecidos en la capital, médicos, abogados, ingenieros, profesores, enfermeras y otros. Además, se recibían como miembros de otras congregaciones presbiterianas en Puerto Rico y de otros lugares en los Estados Unidos. Muchas de las reuniones del consistorio se celebraban en la YMCA de San Juan. Había también en la congregación un grupo de puertorriqueños que asistían fielmente a la Escuela Dominical y a los cultos de adoración.

  El 2 de febrero del año 1904 ocurre una separación entre ambas congregaciones. Fue en esa fecha que el Presbiterio de Puerto Rico organizó la Iglesia Presbiteriana Hispana. Se conocía como la Segunda Iglesia Presbiteriana. Este nombre aparece en el acta del consistorio fechada 9 de diciembre del 1905, día en que se le concede carta dimisoria o de transferencia a un grupo de miembros a la Segunda Iglesia Presbiteriana en San Juan. El grupo americano, fue el que más tarde formó la “Union Church de San Juan”.

  En esos días la iglesia hispana pasaba por una crísis y fue necesario suspender los servicios hasta que llegara un nuevo misionero que pudiera hacerse cargo de la iglesia. Requerían un misionero con capacidad para poder atender ambas iglesias, la americana y la de habla hispana. No tengo información sobre que paso con el Rev. Robert McLean. Los servicios en inglés fueron descontinuados en noviembre del 1905 y se reanudaron el día 16 de septiembre del 1906. Las actas de la iglesia americana reflejan que el día 29 de diciembre de 1907 fue oficialmente dedicado el nuevo edificio para la iglesia y la escuela en la calle Fortaleza (para aquella época Calle Allen), núm 10. El Rev. Judson L. Underwood de Mayagüez predicó el sermón de dedicación. El servicio se celebró por la noche. El Rev. W. H. Voslia de la Iglesia Bautista compartió también la ceremonia con el Rev. Underwood.

El nuevo edificio

Esta parte de la historia de la Iglesia Presbiteriana en San Juan llegó a ser de mi conocimiento durante una de mis largas conversaciones con el Dr. Edward Odell. Este caballero del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo llegó a Puerto Rico en el año 1906, recién ordenado al Santo Ministerio de la Palabra. Fue enviado a pastorear la Iglesia Presbiteriana en Lares y más tarde vino a pastorear la Iglesia Presbiteriana en San Juan. Su conocimiento del idioma español le capacitaba para hacer el trabajo en inglés y en español.

  Durante estos primeros años de presbiterianismo en San Juan la iglesia recibió la visita de un matrimonio procedente de la ciudad de Nueva York. El esposo de extracción irlandesa profesaba la fe cristiana en la Iglesia Católico Romana. La esposa era presbiteriana y descendiente de padres presbiterianos. Durante su estadía en San Juan, él visitaba la Catedral de San Juan, ella visitaba la Iglesia Presbiteriana que se reunía en el patio interior de un edificio en la Calle Tetuán núm. 5 en el Viejo San Juan. De acuerdo con la narración del Dr. Odell, aparentemente los esposos O’Neill visitaron a San Juan durante el tiempo en que el Rev. Howard T. Jason hacía su trabajo misionero en la marina de San Juan. La Sra. O’Neill se unió al grupo que se reunía  en la Calle Tetuán #5, que todavía no se había constituido como iglesia. Posiblemente, vinieron a la isla un poco después del cambio de soberanía.

  El Sr. Hugh O’Neill era un hombre de edad madura. Su visita a la isla de Puerto Rico tenía dos propósitos—recreación y negocios. Había algunos ingenios de azucareros en la isla y el Sr. O’Neill estaba interesado en esa industria que prometía ser muy buena. Su intención era la de hacer una inversión pues era hombre de algunos recursos económicos. No sabemos hasta que punto logró su propósito comercial. Sabemos que durante su gestión de negocios, el Sr. O’Neill se enfermó. Su esposa que le acompañaba en esta visita a Puerto Rico, al verlo tan enfermo buscó ayuda del grupo presbiteriano con el cuál ya ella se había relacionado. Allí había varios médicos y enfermeras. La atención y el cuidado no se hicieron esperar. El Rev. Jason aunó todos los recursos a su alcance para lograr que el paciente tuviera la atención médica necesaria. El pastor Jason era hombre de oración. Día por día iba a visitar al paciente que permaneció en el hotel durante varios días. Los pasajes bíblicos que leía el pastor Jason, y las fervientes oraciones que hacía de rodillas junto a la cama impresionaron mucho al paciente, pero no daba muestras de mejoría. Nunca se supo el mal que le aquejaba. No había en aquellos días los recursos de laboratorio, etc. y todos los medicamentos y esfuerzos para que se mejorara parecían inútiles. Llegó el momento en que el enfermo se agravó hasta caer en estado de inconsciencia. Los médicos decidieron trasladarlo a un hospitalillo localizado en la Calle Allen, núm 10. Este hospitalillo servía mayormente a la clase gobernante del país. Casi todos vivían en ese vecindario. La Dra. Atkins y dos médicos más eran miembros de la facultad médica en ese pequeño centro de salud. Los médicos presbiterianos se ocuparon diligentemente de atender al enfermo. El Sr. O’Neill seguía muy enfermo, sin señales de mejoría, a pesar de los esfuerzos de todos. Una noche, el Rev. Jason y el grupo hispano fueron a celebrar el culto de oración. Hubo varios cánticos de adoración y alabanza. Varios hermanos del grupo hicieron oración en español. Después de un momento de absoluto silencio, el Pastor Jason se postró de rodillas junto a la cama del paciente. Su oración fue inspiradora y vehemente, una súplica al Dios Todopoderoso por la salud de aquel hombre que ya estaba en estado agónico. Era una lucha entre la vida y la muerte. Mientras el Pastor Jason oraba, el paciente empezó a temblar como si estuviera afectado por un intenso frío. La Sra. O’Neill se apresuró a cubrir al paciente con una frazada y súbitamente el paciente se sentó en la cama sudando copiosamente. Abrió los ojos desorbitados, miró a todos, uno por uno a los allí presentes. Hubo un gran silencio y en medio de aquella quietud, el Sr O’Neill, con todas las fuerzas que pudo aunar en ese instante exclamo: “Thanks God, my Lord! I feel well!”. Su exclamación hizo que la esposa del paciente y el Pastor Jason se confundieran en un abrazo. Los ojos de todos estaba inundados de lágrimas y hubo gran revuelo en todo aquel recinto. Había ocurrido una hermosa manifestación del poder de Dios y una contestación a las oraciones de todos.

  El Sr. O’Neill, después de haber pasado aquel emocionante incidente, se expresó en los siguientes términos en inglés y el Rev. Jason hizo la traducción a los presentes: “Mis queridos hermanos: en mi letargo oí cánticos lejanos y voces de distintas personas que hablaban. Yo no podía entender lo que decían y eso me desesperaba. De pronto, sentí como una ola de frío que no podía resistir. Pensé que había llegado la hora de mi muerte y que no estaba preparado para morir. Aquel frío era intenso. Luego, todo cambió. Empecé a sentir un calor que se hacía cada vez más intenso. Pensé que estaba haciendo mi entrada en los hornos del infierno. Y… ahí desperté de ese terrible letargo y me ví rodeado de ángeles que me atendían. Poco a poco me enfrenté a la realidad. Noté que estaba vivo y entre mis hermanos. Gracias a Dios y a toda la Iglesia.”

  El Sr. O’Neill, luego de recobrar la salud, y sus fuerzas, regresó con su esposa a los Estados Unidos. Falleció algunos años después. En su testamento dejó una cantidad de dinero, para que allí, donde el había tenido una experiencia y un encuentro con Cristo, pudieran otros venir y conocer al Cristo de la salvación.

  Fue así que el Presbiterio de Puerto Rico adquirió el edificio donde estaba el hospitalillo muchos años después y ese es el lugar donde se encuentra actualmente la Iglesia Presbiteriana “Hugh O’Neill Memorial”. 

 


La Iglesia que Yo Amo

Sermón predicado por el Rev. Miguel Ángel Valentine en la Iglesia Presbiteriana en el Viejo San Juan el 9 de abril de 1961. El Rev. Valentine fue pastor de la iglesia durante aproximadamente 39 años. El sermón esta basado en Mateo 16: 13-18 y 1 Timoteo 3: 15. Fue publicado por Puerto Rico Evangélico Inc.

No hay duda que todo cristiano tiene formado el más elevado concepto de la Iglesia a la cual pertenece. En ella hemos puesto toda nuestra confianza, ella inspira todas nuestras acciones y cultiva en nosotros el espíritu de la más sincera fraternidad. El motivo de esto estriba en que la Iglesia es una institución divina, fue fundada por Cristo.

   Cristo queriéndose asegurar de la fe de sus discípulos, hizo la siguiente pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y Pedro contestó: “Tú eres el Cristo el Hijo del Dios viviente.” Cristo haciendo referencia a estas palabras, hizo la manifestación; “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”y San Pablo añade, hablándole a su hijo espiritual Timoteo, “… para que sepas como te conviene conversar en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad”. Tanto Jesucristo como único y verdadero fundador de la Iglesia y San Pablo como una de sus más grandes columnas nos permiten tener una idea clara de lo que es esa extraordinaria Institución a la cual tenemos el honor de pertenecer. Pertenecer a la Iglesia Cristiana es un verdadero privilegio que no todo el mundo disfruta, aunque a todos se les ofrece la misma oportunidad.

Ahora veamos lo que la Iglesia debe ser para cada uno de nosotros:

1- Es el refugio de nuestra alma.

2- Es el altar de nuestra devoción.

3- Es el Aposento Alto donde recibimos el bautismo del Espíritu Santo.

4- Es la Mesa de Comunión en donde estamos en compañía de Cristo, rememorando su muerte en la cruz.

5- Es el conjunto de salvados.

   El término Iglesia debe tener para nosotros una extensión más amplia. Ella abarca el elemento espiritual, digamos, a las almas, y también el elemento físico, tales como los templos y todo lo que en ellos usamos para dar culto a Dios. Al pensar en la Iglesia, pensamos en la gente, en el Templo, en la Biblia, en los bancos, en el Púlpito, en las sillas, en los himnarios , en los platillos de ofrenda y hasta en los sobrecitos donde echamos la ofrenda. La Iglesia de Cristo está asociada a tantas cosas grandes y pequeñas, que tenemos que combinarlas a todas para rendir un verdadero culto a Dios. Por todas estas cosas sentimos las más vivas simpatías; aprendemos a quererlas a fuerza de estar en íntimo contacto con ellas. Hacemos de ellas nuestra segunda naturaleza, y todo ello propende, no solo a adorar a Dios, sino a proporcionarnos la mayor felicidad.

¿Qué reclama la Iglesia de mi?

1- Reclama mi corazón.

2- Reclama mi inteligencia.

3-Demanda mi celo.

4- Espera mis oraciones.

5- Solicita mis actividades.

6- Necesita de mis ofrendas, y

7- Espera de mí una vida ejemplar.

    Cuando fallo en cumplir con mis deberes pierdo poder espiritual e injurio su buen nombre; cuando menosprecio a mis hermanos mi alma se empequeñece y mi espíritu se contrista y vengo a ser menos cristiano que los demás… pero esto puedo evitarlo manteniéndome a la mayor altura espiritual, estando más cerca de Cristo.

   Y por último, al hablar de la Iglesia que amamos, hablemos de ella como cosa que se ha adentrado en lo más profundo de nuestro corazón, de algo que nos pertenece, que ocupa sitio preferente en nuestra alma. Procuremos que nuestra iglesia sea motivo de orgullo para todos y que los momentos que pasamos en la presencia de Dios y en compañía de nuestros hermanos, sean los momentos más placenteros de nuestra vida. Que pongamos en ella alma, vida y corazón. Que nada empañe el gran amor que sentimos por ella, ese amor que nos une a Cristo. ¿Y quién podrá apartarnos de Cristo? ¿Tribulación? ¿Angustia? ¿Persecución? ¿Hambre? ¿Desnudez? ¿Peligro? ¿Cuchillo?

    Y ahora que hablamos de la Iglesia deseo traer a colación la dolorosa experiencia por la cual pasó la Iglesia de Corinto, aquella gran Iglesia, de la cual San Pablo dijo: “Santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y a todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestros.” Pablo sigue exhortando a dicha Iglesia en la forma siguiente: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas; quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo, pues yo de Apolos; y yo de Cefas, y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en nombre de Pablo? Doy gracias a Dios que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo… porque no me envió Cristo a bautizar sino a predicar el Evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.”1ra de Cor. 1: 10-17.

   Que esta experiencia nos oriente a nosotros para que cuando vayamos a tomar una decisión Cristo nos ilumine y nos guíe para que actuemos de acuerdo con su divina voluntad. AMEN.


A la Segunda Iglesia Presbiteriana Unida Hugh O'Neill Memorial de San Juan, PR en su Sexagésimo Primer Aniversario

Poesía de María Luisa Santiago

Para honrar la Iglesia nuestra
en su Santo Aniversario
hoy dedican los hermanos
cristiana y alegre fiesta;
es una noche como ésta,
gozosos los corazones
con las gratas emociones
de servir al Salvador,
que con su santidad y amor
inunda los corazones.

Hoy, martes dos de febrero
se cumplen sesentaiún años,
cuando ventiseis hermanos
se recibieron de miembros,
siendo ellos los primeros
en comenzar la labor
que con demuedo y fervor
inició el Dr. McLean
y con gran éxito continuó
nuestra Iglesia Hugh O’Neill.

Los consagrados pastores
de esta leal congregación
asumieron la dirección
y activaron sus labores
desde los tiernos albores
hasta este mismo momento
en que con gran sentimiento
saturamos nuestras almas
de gratitud y de calma
y mayor entendimiento.

El doctor Edward O’dell
luego el doctor Countermine
hicieron la obra posible
y pastorearon la grey;
mas Countermine se ausentó
y vino Archilla Cabrera
sagrado orador y poeta,
y la obra continuó
con la bendición de Dios
que ha llamado a nuestras puertas.

Luego el Reverendo Valentine
prosiguió la gran labor
con tenacidad y amor
y así el Señor lo bendice,
pues a su Iglesia, aún sirve
aunque se haya retirado
al cabo de largos años
de activa y santa labor
digna de encomio y loor
y es por todos admirado.


Seamos aquí muy justos
al hacernos real mención
de la leal cooperación
que prestada fué por muchos,
inteligentes y duchos
en la obra de evangelizar,
buscando pues la verdad
y trabajando arduamente
para mantener ingente
de esta Iglesia, la unidad.

El Doctor Cardona, moderador
y el Doctor Angel Luis Seda,
junto a Valentine eran,
puntuales de la labor,
consagración,fe y amor
tenacidad y constancia
y la mayor tolerancia
en la crisis que se libran
y que siempre necesitan
las personas consagradas

La historia de Aniversario
no estaría completa, no,
sin Lolín y sin Eloy,
Morales, Armstrong, Nazario,
Ramón, Pabón, Dora, Sergio, Luis Adam
inscansables líderes que a diario,
sintieron gran inquietud
de mantener en salud
espiritual nuestras almas
para que reine la calma
y expresemos gratitud.

Otros líderes merecen
un gran premio a su lealtad
pues trabajan de verdad
cuando triunfar ellos quieren;
estas son las damas fieles
de la amada asociación
que Fidelidad se llama
y es todo cooperación
con Emily a la vanguardia
y su sabia dirección.

Nuestra Iglesia Hugh O’Neill
mucho ha estado sin pastor
imploremos al Señor
que esto se resuelva al fin
y pronto, en el mes de abril,
podamos regocijarnos
cristianamente y honrarnos
instalando a Samuel Roura
ya que llegada es la hora
de poner la obra en sus manos.

Los puntos más necesarios
que os presento en estos versos
son el recuento sincero
del feliz aniversario
sexagésimo primero
que os relato a grandes razgos.
Perdonad si yo he omitido
quizá algún dato esencial
pues a Dios en su bondad
ayuda yo le he pedido.
 


El Testimonio de la Hna. Isabel Rolón

Encontrado en un programa del 18 de mayo de 1986, domingo de Pentecostés. Isabel Rolón fue una de las hermanas más fieles de la congregación. Muchas personas de su familia todavía se congregan en la iglesia a pesar de ya no vivir en el área de Viejo San Juan.

Nací en Toa Alta, me casé en la Iglesia San Fernando de aquella ciudad y allí nacieron todos mis hijos e hijas. Cuando el más pequeño tenía siete años vinimos a vivir al Viejo San Juan. Eramos una familia grande y feliz.
Fui a trabajar y allí conocí a la hermana Angela Ramos. Nos hicimos buenas amigas y ella no perdió un solo momento para hablarme del evangelio. Yo la escuchaba con cariño y atención. Me invitó a visitar su iglesia y por su cariñosa insistencia vine a la Sociedad de Mujeres. Estas se reunían los jueves en la noche y era el pastor el Rvdo. Miguel A. Valentine. Seguí visitando , las mujeres me guiaron y ayudaron. Luego visité la iglesia y conmigo vinieron Nina, Carmelo e Hilda, los que se recibieron como miembros el mismo día que yo. Nina y Carmelo fueron muy activos. No se perdían una conferencia en El Guacio. Yo fuí ordenada diaconisa y serví por tres años. Carmelo y Nina fueron ordenados ancianos gobernantes y sirvieron por muchos años. Mientras viví en San Juan, servimos en todo lo que podíamos en nuestra Iglesia. Llegó el momento en que tuvimos que mudarnos a Rio Piedras y desde entonces no he podido servir y asistir como antes. Se fueron casando los muchachos y fuí perdiendo la ayuda de ellos para asistir y servir. No tengo quejas de mi iglesia. Todos los pastores que han venido han sido muy buenos conmigo y mi familia. A todos les recuerdo con mucho cariño. A toda la iglesia la amo mucho. Siempre que puedo vengo y traigo conmigo el mayor número de miembros de mi familia. Ellos conocen mi amor por el Señor y su Iglesia y lo comparten y con mucho gusto me acompañan. Yo conozco muy bien el dicho de San Pablo al carcelero: “Cree en el Señor Jesucristo y seras salvo tú y tu casa”. Yo se en quién he creído y vivo en la esperanza de que será salva toda mi familia. Mi nieta Carmen Delia es también miembro de la iglesia. Mi nieto Juan Antonio se caso aquí y asiste con su esposa, al igual que mi hija Virginia y mis nietos, casi todos me acompañan. He recibido tantas bendiciones de mi Señor que no me canso de contarlas y amo mucho a todos y todas en mi iglesia.

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 Iglesia Presbiteriana Hugh O'Neill Memorial
Calle Fortaleza #61, Viejo San Juan, PR 00901

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Última actualización: 30 de January de 2005.