Historia |
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Un Milagro; una IglesiaHistoria de la Iglesia Presbiteriana Hugh O'Neill Memorial escrita por el Rev. Samuel Roura, Pastor Emeritus de la iglesia y enviada por su viuda, la Anc. Emma Roura en ocasión del aniversario 100 de la iglesia. El Protestantismo en San Juan
La explosión del protestantismo, ocurre, además de
en el oeste, también en la parte noreste de la isla de San Juan Al leer las actas del Consistorio notamos que el crecimiento del grupo de habla inglesa fue muy rápido. La mayoría de las personas recibidas como miembros de la iglesia eran profesionales establecidos en la capital, médicos, abogados, ingenieros, profesores, enfermeras y otros. Además, se recibían como miembros de otras congregaciones presbiterianas en Puerto Rico y de otros lugares en los Estados Unidos. Muchas de las reuniones del consistorio se celebraban en la YMCA de San Juan. Había también en la congregación un grupo de puertorriqueños que asistían fielmente a la Escuela Dominical y a los cultos de adoración. El 2 de febrero del año 1904 ocurre una separación entre ambas congregaciones. Fue en esa fecha que el Presbiterio de Puerto Rico organizó la Iglesia Presbiteriana Hispana. Se conocía como la Segunda Iglesia Presbiteriana. Este nombre aparece en el acta del consistorio fechada 9 de diciembre del 1905, día en que se le concede carta dimisoria o de transferencia a un grupo de miembros a la Segunda Iglesia Presbiteriana en San Juan. El grupo americano, fue el que más tarde formó la “Union Church de San Juan”. En esos días la iglesia hispana pasaba por una crísis y fue necesario suspender los servicios hasta que llegara un nuevo misionero que pudiera hacerse cargo de la iglesia. Requerían un misionero con capacidad para poder atender ambas iglesias, la americana y la de habla hispana. No tengo información sobre que paso con el Rev. Robert McLean. Los servicios en inglés fueron descontinuados en noviembre del 1905 y se reanudaron el día 16 de septiembre del 1906. Las actas de la iglesia americana reflejan que el día 29 de diciembre de 1907 fue oficialmente dedicado el nuevo edificio para la iglesia y la escuela en la calle Fortaleza (para aquella época Calle Allen), núm 10. El Rev. Judson L. Underwood de Mayagüez predicó el sermón de dedicación. El servicio se celebró por la noche. El Rev. W. H. Voslia de la Iglesia Bautista compartió también la ceremonia con el Rev. Underwood. El nuevo edificioEsta parte de la historia de la Iglesia Presbiteriana en San Juan llegó a ser de mi conocimiento durante una de mis largas conversaciones con el Dr. Edward Odell. Este caballero del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo llegó a Puerto Rico en el año 1906, recién ordenado al Santo Ministerio de la Palabra. Fue enviado a pastorear la Iglesia Presbiteriana en Lares y más tarde vino a pastorear la Iglesia Presbiteriana en San Juan. Su conocimiento del idioma español le capacitaba para hacer el trabajo en inglés y en español. Durante estos primeros años de presbiterianismo en San Juan la iglesia recibió la visita de un matrimonio procedente de la ciudad de Nueva York. El esposo de extracción irlandesa profesaba la fe cristiana en la Iglesia Católico Romana. La esposa era presbiteriana y descendiente de padres presbiterianos. Durante su estadía en San Juan, él visitaba la Catedral de San Juan, ella visitaba la Iglesia Presbiteriana que se reunía en el patio interior de un edificio en la Calle Tetuán núm. 5 en el Viejo San Juan. De acuerdo con la narración del Dr. Odell, aparentemente los esposos O’Neill visitaron a San Juan durante el tiempo en que el Rev. Howard T. Jason hacía su trabajo misionero en la marina de San Juan. La Sra. O’Neill se unió al grupo que se reunía en la Calle Tetuán #5, que todavía no se había constituido como iglesia. Posiblemente, vinieron a la isla un poco después del cambio de soberanía. El Sr. Hugh O’Neill era un hombre de edad madura. Su visita a la isla de Puerto Rico tenía dos propósitos—recreación y negocios. Había algunos ingenios de azucareros en la isla y el Sr. O’Neill estaba interesado en esa industria que prometía ser muy buena. Su intención era la de hacer una inversión pues era hombre de algunos recursos económicos. No sabemos hasta que punto logró su propósito comercial. Sabemos que durante su gestión de negocios, el Sr. O’Neill se enfermó. Su esposa que le acompañaba en esta visita a Puerto Rico, al verlo tan enfermo buscó ayuda del grupo presbiteriano con el cuál ya ella se había relacionado. Allí había varios médicos y enfermeras. La atención y el cuidado no se hicieron esperar. El Rev. Jason aunó todos los recursos a su alcance para lograr que el paciente tuviera la atención médica necesaria. El pastor Jason era hombre de oración. Día por día iba a visitar al paciente que permaneció en el hotel durante varios días. Los pasajes bíblicos que leía el pastor Jason, y las fervientes oraciones que hacía de rodillas junto a la cama impresionaron mucho al paciente, pero no daba muestras de mejoría. Nunca se supo el mal que le aquejaba. No había en aquellos días los recursos de laboratorio, etc. y todos los medicamentos y esfuerzos para que se mejorara parecían inútiles. Llegó el momento en que el enfermo se agravó hasta caer en estado de inconsciencia. Los médicos decidieron trasladarlo a un hospitalillo localizado en la Calle Allen, núm 10. Este hospitalillo servía mayormente a la clase gobernante del país. Casi todos vivían en ese vecindario. La Dra. Atkins y dos médicos más eran miembros de la facultad médica en ese pequeño centro de salud. Los médicos presbiterianos se ocuparon diligentemente de atender al enfermo. El Sr. O’Neill seguía muy enfermo, sin señales de mejoría, a pesar de los esfuerzos de todos. Una noche, el Rev. Jason y el grupo hispano fueron a celebrar el culto de oración. Hubo varios cánticos de adoración y alabanza. Varios hermanos del grupo hicieron oración en español. Después de un momento de absoluto silencio, el Pastor Jason se postró de rodillas junto a la cama del paciente. Su oración fue inspiradora y vehemente, una súplica al Dios Todopoderoso por la salud de aquel hombre que ya estaba en estado agónico. Era una lucha entre la vida y la muerte. Mientras el Pastor Jason oraba, el paciente empezó a temblar como si estuviera afectado por un intenso frío. La Sra. O’Neill se apresuró a cubrir al paciente con una frazada y súbitamente el paciente se sentó en la cama sudando copiosamente. Abrió los ojos desorbitados, miró a todos, uno por uno a los allí presentes. Hubo un gran silencio y en medio de aquella quietud, el Sr O’Neill, con todas las fuerzas que pudo aunar en ese instante exclamo: “Thanks God, my Lord! I feel well!”. Su exclamación hizo que la esposa del paciente y el Pastor Jason se confundieran en un abrazo. Los ojos de todos estaba inundados de lágrimas y hubo gran revuelo en todo aquel recinto. Había ocurrido una hermosa manifestación del poder de Dios y una contestación a las oraciones de todos. El Sr. O’Neill, después de haber pasado aquel emocionante incidente, se expresó en los siguientes términos en inglés y el Rev. Jason hizo la traducción a los presentes: “Mis queridos hermanos: en mi letargo oí cánticos lejanos y voces de distintas personas que hablaban. Yo no podía entender lo que decían y eso me desesperaba. De pronto, sentí como una ola de frío que no podía resistir. Pensé que había llegado la hora de mi muerte y que no estaba preparado para morir. Aquel frío era intenso. Luego, todo cambió. Empecé a sentir un calor que se hacía cada vez más intenso. Pensé que estaba haciendo mi entrada en los hornos del infierno. Y… ahí desperté de ese terrible letargo y me ví rodeado de ángeles que me atendían. Poco a poco me enfrenté a la realidad. Noté que estaba vivo y entre mis hermanos. Gracias a Dios y a toda la Iglesia.” El Sr. O’Neill, luego de recobrar la
salud, y sus fuerzas, regresó con su esposa a los Estados Unidos.
Falleció Fue así que el Presbiterio de Puerto Rico adquirió el edificio donde estaba el hospitalillo muchos años después y ese es el lugar donde se encuentra actualmente la Iglesia Presbiteriana “Hugh O’Neill Memorial”.
La Iglesia que Yo AmoSermón predicado por el Rev. Miguel Ángel Valentine en la Iglesia Presbiteriana en el Viejo San Juan el 9 de abril de 1961. El Rev. Valentine fue pastor de la iglesia durante aproximadamente 39 años. El sermón esta basado en Mateo 16: 13-18 y 1 Timoteo 3: 15. Fue publicado por Puerto Rico Evangélico Inc.
Cristo queriéndose asegurar de la fe de sus discípulos, hizo la siguiente pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y Pedro contestó: “Tú eres el Cristo el Hijo del Dios viviente.” Cristo haciendo referencia a estas palabras, hizo la manifestación; “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”y San Pablo añade, hablándole a su hijo espiritual Timoteo, “… para que sepas como te conviene conversar en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad”. Tanto Jesucristo como único y verdadero fundador de la Iglesia y San Pablo como una de sus más grandes columnas nos permiten tener una idea clara de lo que es esa extraordinaria Institución a la cual tenemos el honor de pertenecer. Pertenecer a la Iglesia Cristiana es un verdadero privilegio que no todo el mundo disfruta, aunque a todos se les ofrece la misma oportunidad. Ahora veamos lo que la Iglesia debe ser para cada uno de nosotros: 1- Es el refugio de nuestra alma. 2- Es el altar de nuestra devoción. 3- Es el Aposento Alto donde recibimos el bautismo del Espíritu Santo. 4- Es la Mesa de Comunión en donde estamos en compañía de Cristo, rememorando su muerte en la cruz. 5- Es el conjunto de salvados. El término Iglesia debe tener para nosotros una extensión más amplia. Ella abarca el elemento espiritual, digamos, a las almas, y también el elemento físico, tales como los templos y todo lo que en ellos usamos para dar culto a Dios. Al pensar en la Iglesia, pensamos en la gente, en el Templo, en la Biblia, en los bancos, en el Púlpito, en las sillas, en los himnarios , en los platillos de ofrenda y hasta en los sobrecitos donde echamos la ofrenda. La Iglesia de Cristo está asociada a tantas cosas grandes y pequeñas, que tenemos que combinarlas a todas para rendir un verdadero culto a Dios. Por todas estas cosas sentimos las más vivas simpatías; aprendemos a quererlas a fuerza de estar en íntimo contacto con ellas. Hacemos de ellas nuestra segunda naturaleza, y todo ello propende, no solo a adorar a Dios, sino a proporcionarnos la mayor felicidad. ¿Qué reclama la Iglesia de mi? 1- Reclama mi corazón. 2- Reclama mi inteligencia. 3-Demanda mi celo. 4- Espera mis oraciones. 5- Solicita mis actividades. 6- Necesita de mis ofrendas, y 7- Espera de mí una vida ejemplar. Cuando fallo en cumplir con mis deberes pierdo poder espiritual e injurio su buen nombre; cuando menosprecio a mis hermanos mi alma se empequeñece y mi espíritu se contrista y vengo a ser menos cristiano que los demás… pero esto puedo evitarlo manteniéndome a la mayor altura espiritual, estando más cerca de Cristo.
Y por último, al hablar de la
Iglesia que amamos, hablemos de ella como cosa que se ha adentrado en lo
más profundo Y ahora que hablamos de la Iglesia deseo traer a colación la dolorosa experiencia por la cual pasó la Iglesia de Corinto, aquella gran Iglesia, de la cual San Pablo dijo: “Santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y a todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestros.” Pablo sigue exhortando a dicha Iglesia en la forma siguiente: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas; quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo, pues yo de Apolos; y yo de Cefas, y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en nombre de Pablo? Doy gracias a Dios que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo… porque no me envió Cristo a bautizar sino a predicar el Evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.”1ra de Cor. 1: 10-17. Que esta experiencia nos oriente a nosotros para que cuando vayamos a tomar una decisión Cristo nos ilumine y nos guíe para que actuemos de acuerdo con su divina voluntad. AMEN. A la Segunda Iglesia Presbiteriana Unida Hugh O'Neill Memorial de San Juan, PR en su Sexagésimo Primer AniversarioPoesía de María Luisa Santiago
Para honrar la Iglesia nuestra El Testimonio de la Hna. Isabel RolónEncontrado en un programa del 18 de mayo de 1986, domingo de Pentecostés. Isabel Rolón fue una de las hermanas más fieles de la congregación. Muchas personas de su familia todavía se congregan en la iglesia a pesar de ya no vivir en el área de Viejo San Juan.
Nací en Toa Alta, me casé en la Iglesia San Fernando de
aquella ciudad y allí nacieron todos mis hijos e hijas. Cuando el más
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